Página de Inicio
« Selección artículos CHI 2006
| La importancia de los comentarios en las bitácoras »
Todos podemos hacer el sencillo ejercicio de preguntar a cualquiera persona qué piensa de las bibliotecas, las respuestas normales oscilan entre el respeto por algo que se desconoce pero se intuye vital y la veneración total. Y preguntar luego a la misma persona, (incluso seguidamente) qué piensa de los bibliotecarios y la respuesta será una enorme cara de sorpresa. Con qué acto de magia logramos desaparecer tan definitivamente y hacer que crean que nosotros no tenemos nada que ver con esas bibliotecas que les parecen a todos tan estupendas?