La semana pasada leí la columna ¿Leer o arar en el viento? de periódico El Tiempo, de la escritora colombiana Yolanda Reyes. Por la lectura se infiere que dirige un Taller de Lectura en la BiblioRed de Bogotá. Muchas cosas en su columna son reconfortantes con respecto a la labor bibliotecaria, pero una anecdota me llamó particularmente la atención:
"Hoy, en el taller, les propuse escribir sus biografías como lectores. A la de Édgar, en los clubes juveniles, siguió la de Freddy, un adolescente con cicatrices en la cabeza, que descubrió a Poe en un albergue para reinsertados. "Ahí sí sentí lo que es miedo", contó ese muchacho, que dijo haber temblado más con El corazón delator que con un arma de fuego. "Yo estoy aquí porque busco emociones fuertes y libros que me aceleren el pulso", concluyó desafiante."
Al principio me parecio sorprendente que un joven que ha vivido la guerra colombiana, sin importar el bando, haya sentido miedo leyendo un cuento de Alan Poe. Pero cuando me detuve a recordar la historia que narra El Corazón Delator, y volí a leerla entendí que el miedo era totalmente justificado...
Quien leé a Poe debe comprender que el miedo es parte de lo que siempre quiso infundir. El miedo a lo desconocido, el miedo a lo oculto y ante todo el miedo que genera la gran amistad que tuvo Poe con Dikens. Esta parejita despertó a la vida muchos muertitos que sin ser muertos mas bien eran sombies que lograron mantener bajo sus órdenes y contról por mucho tiempo.
Esos miedosos encuentros que se llevavan a cabo entre estos dos personajes llegan a ponerle los pelos de punta a cualquier lector.
Enviado por Pispirel. Noviembre 9, 2005 08:02 PM